Corresponsabilidad en el hogar: no es “ayuda”, es compromiso

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Durante años nos enseñaron —de forma explícita o no— que la casa era asunto de las mujeres. Que si estaba desordenada, era “culpa” de ella. Que si faltaba algo, debía preverlo. O que si no alcanzaba el tiempo, tenía que multiplicarse. Pero ¿qué sentido tendría si habláramos de equidad y de derechos en todos los espacios sin tocar uno de los más íntimos: el hogar?

La corresponsabilidad en el hogar no es una moda ni una utopía feminista. Es un principio básico de justicia cotidiana. No se trata de que alguien “ayude” o “colabore” como si las tareas fueran una carga ajena, sino de entender que el cuidado de la casa y de quienes la habitan es un compromiso de todos. Cocinar, limpiar, organizar, cuidar a los hijos: todo eso que llamamos “vida doméstica” no es menor. De hecho, es lo que sostiene todo lo demás.

Lo cierto es que aún hoy muchas mujeres siguen cargando solas con esa responsabilidad, aunque trabajen fuera de casa las mismas horas que su pareja. Y muchas veces, ni siquiera se nota. Porque no solo hablamos de tareas físicas, sino de esa carga mental invisible que implica recordar cada vacuna, preparar la mochila del colegio, saber dónde están los calcetines limpios o planificar la próxima comida. Y eso agota. Afecta la salud mental. Y perpetúa desigualdades.

Por eso hablar de corresponsabilidad es también hablar de bienestar. Cuando en casa se comparte de verdad —no desde la buena voluntad, sino desde el compromiso— todo fluye mejor. La pareja se fortalece, los hijos crecen viendo otro modelo de familia y cada quien se siente más libre, más reconocido. Repartir las tareas no es solo organización: es una forma de vivir más justo.

Algunas cosas ayudan: una lista de tareas visibles (sí, como la del refri), reuniones familiares para repartir la semana, rotar roles y también enseñar a los más chicos que la casa es de todos y que todos pueden (y deben) aportar. Pero más allá de lo práctico, lo importante es cambiar la mirada. Dejar atrás la idea de que hay tareas “de mujer” o que algunos ayudan “si pueden”. No es ayudar: es vivir juntos, en equilibrio.

Porque corresponsabilidad no es solo una palabra bonita. Es una puerta abierta a una vida más habitable para todos.