Por años, vivieron juntos bajo el mismo techo: William Moulton Marston, el creador de la Mujer Maravilla, su esposa Elizabeth y su pareja Olive Byrne. Criaron hijos, compartieron la mesa y construyeron una vida sin esconderse demasiado. Marston murió en 1947, pero Elizabeth y Olive siguieron juntas por décadas. ¿Eran una familia? Sí. ¿Un escándalo? Para algunos. ¿Una trieja? Para quienes entienden que el amor no siempre cabe en moldes, definitivamente sí.
Hoy, muchas otras personas están dando ese mismo paso: amar en plural. En vez de dos, son tres. En vez de celos, acuerdos. En vez de secretos, conversaciones. Las triejas —relaciones afectivas y estables entre tres personas— están dejando de ser un tabú y ganando visibilidad en una sociedad que se resiste, sí, pero que también comienza a ampliar su mirada sobre el amor.
¿Qué es una trieja y qué no es?
Lo primero que aclaran quienes viven este tipo de vínculos es que no se trata de un trío sexual ocasional ni de una aventura exótica. Las triejas son relaciones amorosas con compromiso, cotidianeidad y una red afectiva compartida. Todos los miembros se reconocen como pareja entre sí. Comparten cama, decisiones, mascotas, gastos, planes de futuro y hasta crianza de hijos.
Al respecto, la sexóloga Arola Poch explica que en una trieja hay, en realidad, tres relaciones de dos dentro de una de tres. Y que cada vínculo necesita cuidado. “Hay que tener comunicación clara y deconstruir la monogamia normativa”, dice. Porque aquí, cada emoción importa. Y los celos, la inseguridad o los momentos difíciles no se niegan: se abordan.
En tanto, la psicóloga Lara Ferreiro apunta que muchas parejas sienten curiosidad por explorar formas de no monogamia, pero temen hablarlo. “El diálogo honesto es lo único que permite saber si eso es realmente lo que se quiere”, advierte.
¿Por qué hablar ahora de triejas?
Porque aunque todavía existe mucho prejuicio, las relaciones no tradicionales se multiplican. Y, como pasa con todo lo nuevo (o lo que se muestra como nuevo), primero generan ruido… y luego reflexión.
En América Latina, muchas personas jóvenes —y no tan jóvenes— están cuestionando si la idea de una sola pareja para siempre es la única válida. Algunas encuentran respuestas en el poliamor, otras en relaciones abiertas, y otras, en la posibilidad de amar a dos personas a la vez, con consentimiento y equidad.
Las redes sociales han sido clave en visibilizar estas historias, pero también lo han sido figuras públicas o relatos como el de Marston y sus dos amores, que existieron incluso antes de que existiera una palabra para nombrarlo.
¿Es para todo el mundo? No. ¿Es válido para quienes lo eligen libremente y con respeto? Creemos que sí. Lo importante sería, en todo caso, no juzgar desde lo que se desconoce y tratar de entender que, al final, lo que está en juego es lo mismo de siempre: cómo nos acompañamos y cómo evolucionamos como seres humanos.
Porque si hay algo que las triejas demuestran es que el amor, a veces, puede ser un triángulo perfecto.
