El cálculo del amor: Darwin y su lista reveladora sobre casarse

El cálculo del amor: Darwin y su lista reveladora sobre casarse

Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, no solo estudiaba a los pulpos o las tortugas; también aplicaba un análisis meticuloso sobre su vida personal. En 1838, con 29 años y aún integrado en su investigación del HMS Beagle, Darwin se enfrentó a una pregunta trascendental: ¿casarse o no? Así que sacó su cuaderno, dividió la página en dos columnas y se puso a reflexionar.

Pros y contras del amor según Darwin

A favor de casarse

  • Tener hijos, “si Dios quiere”.
  • Compañera constante y amiga en la vejez.
  • Un ser para amar y compartir, “better than a dog anyhow”.
  • Un hogar y alguien que se ocupe del mismo.
  • Disfrutar de la música y la charla femenina.
  • Mejor salud emocional.

En contra de casarse

  • Libertad de viajar y elegir la compañía.
  • Conversaciones en clubes con hombres influyentes.
  • No tener que soportar visitas familiares obligatorias.
  • Menos tiempo para leer, más gastos y responsabilidades.
  • Peligro de engordar por ociosidad.
  • Menos dinero para libros y ciencia.

Finalmente, Darwin concluyó con una frase casi matemática: “Cásate, Q.E.D.”

Un matrimonio a prueba de vida y muerte

Seis meses tras esa lista, el 29 de enero de 1839, Darwin se casó con Emma Wedgwood, su prima hermana. Compartían no solo afecto, también lazos familiares y una profunda amistad que perduró 43 años, hasta la muerte de Charles en 1882.

La pareja tuvo diez hijos, de los cuales siete llegaron a adultez. Emma no solo fue su compañera: fue su enfermera incansable frente a las múltiples dolencias de Darwin. También quien le cuidó durante intensas noches de fiebre, quien sostuvo el hogar en momentos de dolor, como la muerte de tres de sus hijos: Annie, Mary y Charles Waring.

Además, Emma fue su apoyo intelectual: le ayudó a mantener su fe cristiana, mientras él desarrollaba ideas que desafiaban la religión, y se encargó de guardar y eventualmente publicar sus manuscritos si él faltaba. En su lecho de muerte, él le susurró: “No tengo miedo de la muerte. Recuerda qué buena esposa has sido”.

Darwin se enfrentó al matrimonio como un proyecto de equipo: lo evaluó, sopesó y –sí– eligió la compañía, la ternura, y los desafíos de tener una familia.