Escuchar a Bad Bunny activaría neurotransmisores como el placer, afirma la ciencia

Escuchar a Bad Bunny activaría neurotransmisores como el placer, afirma la ciencia

Un estudio del Colegio de Químicos de Puerto Rico afirma que escuchar la música de Bad Bunny no solo te hará mover las caderas, sino experimentar sensaciones como placer y euforia. De acuerdo con el análisis, la música del boricua activa neurotransmisores como como dopamina, serotonina y oxitocina, capaces de generar un sentido de bienestar, e incluso, de comunidad.

Las conclusiones del Colegio se presentaron como antesala a la residencia artística de 30 espectáculos “No Me Quiero Ir de Aquí”, que ofrecerá Bad Bunny del 11 de julio al 14 de septiembre próximos. Mediante herramientas computacionales de modelación molecular, el análisis identificó cómo ciertas frecuencias, armonías y patrones rítmicos estimulan regiones específicas del cerebro relacionadas con el sistema de recompensa.

“Se observó una liberación potencial de dopamina, oxitocina y serotonina”, explicó el investigador Wilfredo Ríos, según cita CNN en Español. Estas sustancias están asociadas con sensaciones de bienestar, conexión emocional y excitación. El estudio comparó además la música de Bad Bunny con otros géneros, confirmando que sus ritmos tienen un impacto más intenso y sostenido en la actividad neurológica.

Pero ¿por qué él? ¿Qué tiene su música que provoca este efecto? El equipo señala que, además de los ritmos pegajosos y el uso del dembow, las letras de Bad Bunny apelan a emociones colectivas: identidad, empoderamiento, deseo, dolor y libertad. Todo eso genera una experiencia multisensorial que el cerebro traduce como recompensa.

“Su música conecta con la gente a nivel emocional y eso es clave para que se activen estos neurotransmisores”, destacó Ríos en el informe citado por CNN.

El hallazgo no sorprende a muchas mujeres que encuentran en sus canciones una forma de desahogo, de energía o de afirmación personal. Para madres jóvenes, por ejemplo, escuchar a Bad Bunny puede convertirse en una pausa vibrante en medio de la rutina.

Más allá de la controversia que muchas veces lo rodea, este estudio demuestra algo cruci. al: el arte urbano, cuando se hace con autenticidad y ritmo, no solo mueve cuerpos. También mueve química, emociones y cerebros.

Y como diría el propio Bad Bunny: “Baby, la vida es un ciclo”… y, según la ciencia, ese ciclo viene con dopamina incluida.