Durante décadas, la soltería en la adultez ha sido vista bajo una misma lente: la de la carencia, la soledad no deseada o, peor aún, el fracaso personal. Especialmente en mujeres mayores de 40 años, el estigma social ha sido fuerte: llegar a esa edad sin pareja estable era, para muchos, casi sinónimo de tener una vida “incompleta” o “no resuelta”. Sin embargo, cada vez más estudios demuestran que este prejuicio está lejos de la realidad.
Una de las voces más activas en este tema es la de Bella DePaulo, psicóloga social afiliada a la Universidad de Harvard, quien lleva más de tres décadas estudiando los efectos de la soltería en la calidad de vida de las personas. En su libro Solteros por naturaleza y en diversas entrevistas y charlas públicas, DePaulo sostiene que la creencia del “soltero infeliz” no resiste el peso de la evidencia.
Según la experta, las personas solteras, lejos de ser más infelices que quienes están en pareja, tienden a experimentar altos niveles de satisfacción personal, especialmente a partir de los 40 años. De acuerdo con datos recogidos en sus investigaciones, las razones son múltiples: mayor autonomía para tomar decisiones, redes sociales más amplias y activas, y una relación más estable consigo mismas.
Soledad elegida Vs soledad no deseada
En su charla TED —que desde 2017 acumula más de 1,7 millones de visualizaciones— DePaulo plantea que una de las grandes confusiones en torno a la soltería es la diferencia entre estar solo y sentirse solo. La primera puede ser una elección que abre espacios de creatividad, bienestar emocional y crecimiento personal. La segunda, en cambio, está relacionada con el aislamiento social, algo que, según los estudios, afecta tanto a personas solteras como casadas.
Otro hallazgo relevante de la psicóloga, citado por el medio Infobae en noviembre de 2024, es que las personas solteras suelen mantener vínculos más sólidos con amigos y familiares. A diferencia de muchas parejas, que tienden a centrarse en su propio núcleo, los solteros continúan invirtiendo tiempo y energía en relaciones fuera del ámbito romántico. Este factor, según DePaulo, contribuye a niveles más altos de bienestar social y emocional.
“Solteros de corazón”: un perfil que crece
La investigadora ha identificado incluso un perfil particular: el de los “solteros de corazón”. Se trata de personas que no solo aceptan su soltería, sino que la disfrutan y la eligen como estilo de vida. Valoran su independencia, disfrutan de su libertad y son capaces de construir redes afectivas sólidas y significativas. Esto no significa que renuncien a tener relaciones amorosas, pero cuando las tienen, suelen preferir formatos más flexibles y no tradicionales, que les permitan conservar su autonomía.
DePaulo ha destacado que muchas de estas personas optan por vínculos donde la convivencia no es el objetivo central. Prefieren mantener espacios separados, o incluso vivir en diferentes hogares, priorizando así su bienestar personal sin renunciar a la conexión emocional.
Una mirada que empieza a cambiar
Si bien las presiones sociales aún existen, el panorama empieza a cambiar. Cada vez son más quienes eligen la soltería como un proyecto de vida válido, pleno y satisfactorio. La mirada tradicional que asocia estar solo a la tristeza o la frustración empieza, poco a poco, a quedar atrás.
La investigación de DePaulo abre una puerta a repensar el concepto de realización personal. Como ella misma señala: “No necesitas una pareja para tener una vida rica, feliz y completa”. Un mensaje que resuena especialmente entre quienes, a los 40 o más, han elegido caminar su propio camino, sin etiquetas ni moldes ajenos.
