Cada mes, millones de mujeres afrontan dolores que frenan su rutina cotidiana. En ese contexto, el debate sobre la licencia menstrual irrumpió con fuerza en congresos y foros de América Latina. Su sola mención cuestiona viejas normas que ignoraban el impacto real del ciclo menstrual en lo laboral y académico.
Menstruar sigue siendo una conversación incómoda. Por eso, hablamos de licencias. ¿Y esto qué implica? La licencia menstrual es un permiso laboral o estudiantil que permite ausentarse uno o varios días al mes por dolores menstruales intensos. No es una ocurrencia: varias legisladoras y activistas insisten en que el ciclo menstrual no debería ignorarse.
Propuestas de licencia menstrual en Latinoamérica
Chile: Hay dos proyectos en el Congreso. Uno para asegurar acceso a productos menstruales, aún estancado en el Senado. Otro, ingresado en mayo de 2023, plantea un permiso laboral de uno a tres días por dismenorrea diagnosticada, sin repetir certificación médica cada vez.
Argentina: Si bien no existe licencia laboral a nivel nacional, hay propuestas para estudiantes: se permitiría faltar un día al mes por malestar menstrual, con aviso posterior y recuperación académica. Sin embargo, el actual gobierno de Javier Milei, además de eliminar el Ministerio de la Mujer, abolió el programa MenstruAR (facilitaba el acceso a insumos para la gestión menstrual) y estas propuestas permanecen en una nebulosa.
Uruguay: No se discute licencia, pero la Cámara de Diputados aprobó un programa para canastas de higiene menstrual, gestionadas por el Ministerio de Desarrollo Social. El Senado debe decidir antes de septiembre.
¿Un paso real o más presión invisible?
El propósito va hacia la igualdad. Reconocer la menstruación es quitarle su carga de culpa. Como dice una activista chilena, “la mancha más grande es la vergüenza de la indiferencia del Estado”.
Pero también hay críticas: ¿la licencia convierte la menstruación en una enfermedad? ¿Aumentará la carga laboral no vista, como recuperar tareas? ¿Estamos ante un “trabajo invisible” más que ante un logro real?
Volver al centro: vivir sin vergüenza
Más que medidas legales, se necesitaría un cambio cultural. Hablar del dolor menstrual sin tapujos. Brindar educación, productos adecuados y empatía. Para que cada mujer no sienta que debe “aparentar que todo está bien”.
La licencia menstrual puede ser una herramienta poderosa. Pero si no va acompañada de comprensión real y recursos concretos, puede terminar siendo solo otra carga, oculta, para las que ya cargan con mucho. Es hora de visibilizar, dignificar y acompañar. Porque no es cuestión de productividad: es cuestión de salud y bienestar.
